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Apuntes sobre la cocotología

abril 7, 2010

En 1902 Miguel de Unamuno publicó Amor y pedagogía una interesante novela la lectura de la cual recomiendo al lector curioso pero que no es, sin embargo, el tema de estas líneas. Al final de dicha novela se incluían (no estoy seguro que en la primera edición), en un estilo al cual se asemejaría el borgiano, unos apuntes, de autoría de uno de los personajes de la novela, para un tratado de cocotología. Circunstancias personales me han acercado a la cocotología y me han llevado a releer esos apuntes. No dudo que haya más de un lector preguntándose aún qué es eso de la cocotología, así que lo más fácil será dejar que lo explique Unamuno:

La palabra cocotología se compone de dos, de la francesa cocotte, pajarita de papel, y de la griega logia, de logos, tratado. La palabra francesa cocotte es una palabra infantil y que se aplica en su sentido primitivo y recto a los pollos y por extensión a las aves. En sentido traslaticio, a las pajaritas de papel y a las mozas de vida alegre. Aquí habré de extenderme en una comparación entre estas mozas y las pajaritas, frágiles como ellas.

La cocotología es la ciencia que estudia las pajaritas de papel. Don Fulgencio, autor de estos apuntes, al no encontrar referencias a las pajaritas de papel en, por ejemplo, el Larousse, las considerará un juego infantil. Vicente Palacios, en cambio, expresidente de la Asociación Española de Papiroflexia, las toma muy en serio. Dedica, al final de su Papiroflexia iniciación 2 un poco riguroso ensayo a la historia de la pajarita.

Citando expertos en el arte del bordado, como Dña. Maravillas Segura Lacomba, Palacios asegura que la pajarita se inventó en Toledo hacia el siglo XII. ¿En qué se basa su afirmación? En que los bordados toledanos dan indicio de la existencia de dicha figura. La reflexión es interesante. Dado que la representación debía ser geométrica, las bordadoras, en vez de “geometrizar” las figuras de aves reales, se basaban en una figura ya geométrica: la pajarita de papel.

La pajarita de papel es, según Don Fulgencio, la figura geométrica perfecta. Defiende, de hecho, en su visión finalista del mundo, que el cuadrado de papel tiende a la pajarita.  Según el ficticio filósofo, “la perfección de todo ser consiste en que se inscriba y atenga a su óvulo generador”; la pajarita es, por lo tanto, perfecta, ya que se inscribe perfectamente en su embrión: el cuadrado de papel. Como mínimo en el plano teórico. En la realidad siempre fallará el cuadrado perfecto o el papel perfecto o el pliegue perfecto. Don Fulgencio presenta una visión muy platónica en la que la pajarita real siempre buscará el arquetipo de la pajarita perfecta. Esto, sin embargo, lo lleva a una reflexión interesante.

En los Apuntes para un tratado de cocotología se plantea que lo que diferencia las pajaritas entre ellas, son sus imperfecciones. De hecho, y eso es un apunte personal, si fueran todas perfectas serían indiscernibles y, según el principio de la identidad de los indiscernibles de Liebniz, solo habría una pajarita. Lo que plantea el personaje es que la perfección se adquiere a costa de la personalidad e invita el lector a reflexionar, a nivel humano, sobre si vale la pena aspirar a ella a este precio.

Don Fulgencio hablará finalmente del origen de la pajarita, entendiendo que una forma tan perfecta solo puede haber surgido tal y como es y no ser fruto de una evolución. Dedicará las últimas páginas de su tratado a una dura crítica al darwinismo, basada en argumentos religiosos que, a ojos del lector moderno, y posiblemente del autor del texto, quita fuerza a toda la argumentación anterior.

Mis dos acercamientos a la cocotología han resultado poco satisfactorios, por los desacuerdos con Don Fulgencio y por los escalofríos que provoca el tratado de Vicente Palacios en cualquier lector acostumbrado al género del ensayo o simplemente a la coherencia textual. Dada la cojera de la base teórica, se hace difícil considerar la cocotología como ciencia (de hecho, Don Fulgencio insinúa que dicha ciencia solo existe porque tiene nombre), pero su importancia como técnica es indudable.

Unamuno explica en su libro que lo ha tenido que llenar de prólogos y apéndices por exigencias del editor, ya que todos los tomos de la colección debían tener el mismo grosor. El lector actual, si no le suscitan interés, podría dedicar esas páginas añadidas a hacer pajaritas de papel ya que, al fin y al cabo, son la mejor forma de relectura; la cocotología convierte el texto (en soporte papel) más grosero en pura poesía visual y geométrica.

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2 comentarios leave one →
  1. abril 12, 2010 8:14 pm

    Un post absolutament freak però entretingut. Un apunt a una errata que crec haver trobat:

    “De hecho, y eso es un apunte personal, si fueran todas perfectas serían indiscernibles y, según el principio de la identidad de los indiscernibles de Liebniz, solo habría una pajarita.”

    En el principi d’identitat dels indiscernibles de Leibniz es parla de diverses propietats d’aquests objectes indiscernibles i l’espai idèntic n’és un, per tant vàries “pajaritas” iguals no serien indiscernibles ni en serien una de sola.

  2. Fede permalink
    agosto 5, 2014 3:03 pm

    No crec q l’entengués massa bé.Imagino q a l’Unamuno li feia gràcia utilitzar un raonament “culta”. També sabía q ningú li discutiría i per aixó el menciona.

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